
lunes 31 de agosto de 2009
La noticia del día, servida por los jóvenes castores

domingo 30 de agosto de 2009
La bruja Krispa, temporada 03, en breve...

Dias extraños, todavía ahora...

A expensas de que algún distribuidor se decida a lanzar The Hurt Locker, la última (y celebrada) película de Kathryn Bigelow, os propongo el visionado de su más laureada obra: Días Extraños (Strange Days, 1995)
Bigelow dirigió en esta película un guión de James Cameron con muchas premisas interesantes (por aquel entonces era su marido y ejerció de productor): Noche vieja del año 1999, cambio del milenio, un Los Ángeles al borde del colapso social, una tecnología capaz de “grabar “ los pensamientos, un psicópata, un antihéroe en horas bajas, un poco de amor, unas cuantas escenas de acción antológicas y un importante broche de denuncia social.
Pinta bien, ¿verdad? Y sin embargo pocos habéis oído hablar de esta película.
Como suele ocurrir en esta sociedad de consumo tan maravillosa, de vez en cuando , y sin que nadie entienda el motivo, las cosas se tuercen. Vapuleada por la crítica e ignorada por el público, Días Extraños se transformó en un sonoro fracaso de taquilla del que su directora ha tardado varios años en recuperarse. Para algunos la propuesta de la película era demasiado radical, para otros se trató de una verdadera injusticia. Yo la disfruté en su momento y puedo asegurar que jamás he visto a Ralph Fiennes tan bien como en esta ocasión, que Angela Basset se muestra como una verdadera pantera ante la cámara y que Juliette Lewis no ha vuelto a sorprendernos tanto como cuando se puso delante del micrófono versionando a P.J. Harvey. Demasiado para el cuerpo…
La suerte que ha padecido Strange Days es curiosa. Con más de una década de por medio, nos damos cuenta de que ha envejecido muy bien para tratarse de una película que, hacia 1995, relataba acontecimientos propios de la ciencia ficción especulativa (algunos han querido ver algo de Cyberpunk) Lo que hace cerca de diez años era una especie de parábola del futuro cercano puede entenderse hoy en día como una preciosa ucronía realizada con mano sabia por una directora en estado de gracia.
Si decidís echarle el diente os recomiendo un poco de paciencia. Es una película que se saborea lentamente, que va llenando la boca del espectador y que eclosiona en una de las mejores secuencias de la historia reciente del cine: Ese momento mágico, rodado en pleno Times Square, donde todos somos Lenny Nero y nos perdemos ante la inmensidad de otras historias que nos rodean.
sábado 29 de agosto de 2009
viernes 28 de agosto de 2009
Yo también odio a Will Ferrer...
La típica reacción chorra que no me creo ni yo

Siempre la misma historia...
Ayer, tomando un cafetillo con el amigo Victor (minutos antes de grabar el Podcast), caí en la reflexión que aparece en el dibujillo. Un tema complicado, la verdad, máxime cuando uno hace dos o tres añitos que frisó la treintena y siempre va con el mismo cuento: que si proyecto por aquí, que si nueva historieta por allá... ¡y todo queda en agua de borrajas!jueves 27 de agosto de 2009
El club de los cinco hoy en día

Sorprende el escaso eco que se ha hecho la prensa española de la muerte de John Hughes, un cineasta mediocre que en los últimos años vivía casi retirado del medio, al que debemos algunas de las películas más influyentes de la década de los ochenta –por lo menos en el mundo yanky.
Sus trabajos no resisten un nuevo visionado en los tiempos que corren (han envejecido muy mal), pero como hoy iniciamos la nueva tanda de Crónicas desde Sepelaci hablando de la televisión que se hacía en aquella década dorada (para algunos), no he podido resistirme a recordar El club de los cinco, un auténtico fenómeno comercial para la época, donde Hughes echa el resto.
La premisa es sencilla: Un buen sábado cinco estudiantes de un pueblecito del medio oeste acuden a la biblioteca del instituto para cumplir con un castigo académico debido a su mal comportamiento. A pesar de sus diferencias, a lo largo de la jornada se irán conociendo, descubriendo que por encima de los estereotipos son personas sensibles que podrían llegar a ser buenos amigos.
Pero por culpa del stablishment cada uno de ellos tiene trazado su destino de antemano: El gamberro está destinado a gamberrear (a pesar de que se le adivina una vena sensible), la pija terminará casándose con algún pijo, la friki seguirá siendo friki, el empollón irá a la universidad y tendrá problemas para relacionarse con la gente, el deportista tendrá su momento de gloria en la pista y jamás abandonará su pueblo. No chafo a nadie la película si comento que también se baraja la idea del “Qué sucederá luego”, es decir: ¿volverán a dirigirse la palabra en los pasillos del instituto o cada uno seguirá con su estereotipo? En fin… Podéis tratar de adivinar quién es quién si escrutáis un rato la foto.
El cine de John Hughes es siempre igual de irreal. En cierto sentido parece beber de la sociedad que refleja, pero lo hace desde una óptica tan idealista como didáctica, cosa que termina por distorsionar sus resultados. Aun así, queda patente su huella en realizadores como Kevin Smith (que no duda en mofarse de él) o, si me permiten, en las películas de Judd Aplatrow (donde los quinceañeros se han convertido en treinteañeros con problemas de familia)
Aun así, vista hoy en día… El club de los Cinco… La insufrible mirada de Molly Ringwald o la chulería de Judd Nelson me transmiten la misma sensación de vacío que el Ghost World de Daniel Clowes. De hecho, podríamos ponerle la misma BSO al final de este tebeo: Ese impresionante tema de Simple Minds que cerraba el metraje con el puño domesticado al aire.
miércoles 26 de agosto de 2009
Sommers y Chabon

Leyendo la Imágenes de actualidad de septiembre (nº294) me encuentro con estas declaraciones de Stephen Sommers, el director de Deep Rising, The Mummy y Van Helsing:
El gran público no presta atención a las críticas. No importan. Todo depende del boca-oreja. Las críticas hoy son más sangrientas y personales que nunca. Los críticos son una especie en vías de extinción y eso es debido a cuán personales y sangrientos se han convertido. Atacan a los directores de forma personal.
Sommers afirma todo esto a colación de la nula recepción crítica que ha recibido su último trabajo, GI Joe, una película que recaudó 54,7 millones de dólares en los USA durante su primer fin de semana en exhibición. Hasta aquí todo queda más o menos claro: se considera a sí mismo un director comercial, hace el tipo de cine que le gusta a la gente y todas esas argumentaciones que suelen esgrimir coetáneos suyos como Brett Ratner, Rob Cohen y –off course- Michael Bay.
Este tipo de autores tienen la mala costumbre de comparar su trabajo con el de otros directores que, en su momento, ofrecieron cine comercial. A nadie se le escapa que Steven Spielberg reventó taquillas de medio mundo con el tipo de películas que ellos aspiran hacer. De hecho, el director de Encuentros en la tercera fase tuvo que lidiar con la crítica durante buena parte de su carrera y, de forma mucho más virulenta, cuando trató de ponerse serio (El color púrpura y El Imperio del Sol son claros ejemplos de esto)
Las palabras de Stephen Sommers me hacen recordar otras declaraciones: las que, en el dominical de un diario cualquiera, efectuó el escritor Michael Chabon con respecto a la polémica suscitada por Las extraordinarias aventuras de Kavalier y Clay, una magnífica novela suya que ganó el premio Pulitzer. En dicho trabajo se recreaba de forma ejemplar el New York de los años cuarenta, se hablaba de nazis y del golem de Praga, pero sobretodo se rendía homenaje a los cómics de la Golden Age.
Chabon dice que, frente la miopía de algunos críticos elitistas, no existe una “cultura elevada” y una “cultura de consumo”, sino una “cultura bien hecha” y una “cultura mal hecha”, es decir: los tebeos, el cine comercial, la música pop, las novelas de género… No podemos considerar que se trate de “bajezas intelectuales” ni “tonterías por el estilo”, pues en ocasiones nos encontramos con verdaderas obras maestras hechas únicamente para evadirse o, tomando prestado un tropo literario de la literatura anglosajona, para que despertemos nuestro sense of wonder mediante su disfrute. Nuestro “sentido de la maravilla”.
Sin embargo… Aquí es donde fallan las cosas: ¿Qué sentido de la maravilla puede despertar un conglomerado comercial que únicamente busca exprimir al consumidor? ¿Qué es GI Joe? ¿La película de Stephen Sommers? ¿El videojuego? ¿Los muñequitos articulados? ¿Las novelizaciones? ¿El CD? ¿Los posters?
Y lo que es más importante: ¿Dónde queda el trabajo del director en todo esto?
PS. A mi GI Joe me ha gustado.
No se por dónde empezar

El restaurante del fin del mundo


familia blogera y un nuevo personaje

martes 25 de agosto de 2009
Mas aclaraciones... esta vez en chino

Vamos por partes...








