domingo 20 de diciembre de 2009

Volver a sentirse niños

No deja de resultar curioso que una película tan complicada de realizar como Donde viven los monstruos sea la adaptación de un cuento homónimo que tan solo ocupa unas cuantas páginas. Su director, Spike Jonze, empezó a trabajar en ella hace más de dos años, planteándose dos retos muy importantes: controlar todos los aspectos de la producción (que estaba en manos de un gran estudio y "podía" sucubir a las necesidades comerciales) y respetar el tono y el sentido pretendidamente "oscuro" que Maurice Sendak había aportado a la historia original (de hecho tanto Jonze como Dave Eggers estuvieron en constante comunicación con el señor Sendak durante todo el proceso de elaboración del guión y la posterior puesta en marcha del proyecto)

Ni que decir tiene: las expectativas levantadas por Donde viven los monstruos eran muy elevadas. De un lado los fans de Jonze anhelábamos una película personal y divertida, del tipo de la genial El ladrón de orquidas, de otro (y haciéndonos eco de las afirmaciones del director) su último trabajo prometía todo un canto a la fantasía, la imaginación y la infancia. Sorprende descubrir que las aventuras de Max en esa isla plagada de criaturas asombrosas satisfacen con creces al espectador más escéptico.

Donde viven los monstruos es uno de esos escasos proyectos que en el Hollywood actual llegan a buen puerto. Desde el diseño de producción a la fotografía, pasando por la preciosa banda sonora de Carter Burwell y Karen O, se ven amparados en una de esas actuaciones infantiles "de antología" y una cámara en mano que se recrea en los pequeños detalles y los momentos salvajes, carentes de toda lógica y preñados de sentimientos.

Porque la película habla precisamente de eso: De sentimientos, del paso de la infancia a la adolescencia, de la soledad que todos nosotros hemos experimentado alguna vez en nuestros años más jóvenes. Del desamparo, de esa necesidad de correr, gritar, chillar y sentirnos un poco libres aferrándonos a la imaginación. Resulta irrelevante que todo su metraje quede en un diminuto cuento de hadas, que el argumento de Donde viven los monstruos pueda resumirse en un suspiro. El ejemplo más destacado de lo que pretende esta película puede rastrearse en algunas de mas mejores historietas de Calvin y Hobbes, en El principito, e incluso en esas fotografías que todos conservamos, donde aparecemos con pantaloncitos cortos, algún que otro berrinche y las rodillas con costras de mercromina.

Una película muy recomendable. De lo mejorcito del año que se acaba.

masquemascotas 49: sueños de seductor

miércoles 9 de diciembre de 2009

El pesado de Sociales

Coracero Herido. Théodore Géricault, 1814. Museo del Louvre

Mucho se ha hablado y se hablará del supuesto fracaso del sistema educativo español. Mucho se ha hablado de los males endémicos que desde hace varias generaciones arrastra y del papel de los profesores en todo esto. Desde mi posición de recién llegado a la profesión, con todo el futuro por delante y un panorama bastante desolador en el horizonte, me dispongo a valorar algunos aspectos que, cuando menos, resultan desconcertantes.

En primer lugar nos encontramos con un terrible agravio comparativo: En muchos Centros de Educación Secundaria los profesores de Ciencias Sociales son vistos como una especie de outiders por parte de la directiva y de muchos de los compañeros. Entiendo que en ocasiones nuestra posición puede resultar controvertida: De todos los ámbitos educativos el nuestro es el que se encuentra mejor posicionado para despertar ese sentido de la maravilla que todos los alumnos han experimentado en alguna ocasión. Si la mayoría de los profesores se dedican a impartir su asignatura ajenos al mundo que les rodea, nosotros no podemos actuar de forma análoga, pues el objeto de estudio de las ciencias sociales forma parte del mundo en el que vive el historiador. Y es un mundo que se pudre lentamente. Un mundo que cada vez es más complicado, se nos escapa de las manos y nos indigna. Un mundo en el cual los alumnos deberán medrar y desarrollar su existencia atendiendo a muchas problemáticas que desde la Geografía se detectan, se exponen y se diagnostican.

Con esta idea en mente el papel de la Historia también deviene en fundamental. Más allá de los resabidos clichés al respecto (todos hemos oído esa frase de quién no conoce la historia está obligado a repetirla) hoy en día su auxilio es más necesario que nunca. La historia habla de nuestras raíces, explica los procesos, explicita el recorrido del ser humano por el planeta Tierra. Ante la cultura de videojuego y de inmediatez en la cual se adentran nuestros alumnos ejerce de ancla hasta la realidad: No todo es tan sencillo y tan trivial como ellos se piensan, ni se ha inventado hace poco tiempo ni deja de ser importante.

Queda claro cuál es nuestro lugar, ¿verdad? Pues bien: Las cosas no son tan transparentes. Muchos compañeros ven al profesor de historia como una especie de mosca cojonera. No pretendo decir que nuestra tarea será la propia de un héroe cinematográfico (ni que nos encontremos Solos ante el peligro) Tampoco somos Robin Hood, pero reclamamos algo de justicia social.

Poneros en nuestro lugar: Los profesores de sociales explicamos a nuestros alumnos los entresijos de un mundo que nos parece apasionante, injusto y desigual. Les hablamos de problemas fundamentales, les exponemos los Objetivos del Milenio y los entresijos del Holocausto Nazi… ¿cómo no levantar la mirada ante tales conceptos? ¿cómo no tomar partido por ellos? ¿Cómo no despertar una mente crítica ante algunos de los problemas que se suceden en el Centro de Estudios?

Quizás aquí es donde empiecen los verdaderos interrogantes, la letra pequeña del asunto: El papel de las Ciencias Sociales en los IES dependerá del tipo de alumno que se pretenda formar. Individuos sumisos o discordantes, expertos en saberes técnicos o artistas, eslabones de la cadena de montaje o librepensadores capaces de comerse el mundo. Digo yo que algún científico loco capaz de desarrollar un virus mortal se lo pensaría dos veces de haber recordado las enseñanzas de su profesor de sociales. Pienso yo que cualquier operario de un sistema fabril, hastiado de su situación, reaccionará de súbito ante la injusticia de su vida y recordará aquellos esquemas que el bueno del profesor escribía en la pizarra. Ya sabéis: El rollo del capitalismo y todo aquello.

Temo yo que cuando cualquiera de nuestros alumnos decida comprender el mundo en el que se ha metido sea demasiado tarde.

Dedicado a mi compañero Juán Corchado

masquemascotas 38: sucedaneo cangrejo