martes 26 de enero de 2010

Un resbalón


Esta tarde he trepado al tejado de mi casa para quitar una teja suelta que amenazaba con caerse.

Estando ahí arriba subido, contemplando la inmensidad del mar y todas esas cosas, me he acongojado bastante. En algún sitio habrá una estadística que relaciones mortandades con chapuzas domésticas innecesarias, pero claro, uno siempre piensa en contratar a los profesionales cuando está metido en el fregado.

El caso es que mi aventura vespertina (realizada bajo la atenta mirada de mi hermano, que sujetaba la escalera) ha brindado alguna facha ridícula. Me imagino al bueno de Pedro rodando por el tejado, con sus michelines ondeando al aire y su pose digna de Delacroix y no dejo de pensar en la primera página de El Incal, ya sabéis: Ese picado que ha pasado a los anales de cómic, con John Difool cayendo desde la Avenida de los Suicidas hasta lo más profundo del Lago de Ácido.

Pocas veces Jean Giraud ha sido tan Moebius, ¿verdad?

Algún día hablaré del Incal, obra de referencia para quien suscribe. Me encanta como comienza con un pequeño accidente y termina con un proceso perlocucionario de proporciones cósmicas. Muy en la línea de P.K. Dick y del loqueras chileno que escribió la obra (una criatura que se hizo mas grande que él)