martes 12 de abril de 2011

Susto mortal

A colación de la entrada anterior he recordado uno de los momentos más surrealistas de mi (todavía corta, que no soy Rafa Marín...) carrera como docente.

Veréis: Cuando realicé la excursión a la Valltorta acudimos al paraje con un grupo de chavales de Primero de ESO (esto es, 12-13 años) Como la plataforma desde la cual se observan las pinturas rupestres es demasiado pequeña, mi compañero Juan y yo decidimos partir el grupo en dos. El primero en subir fui yo. Me llevé a unos 15 chavales atentos a las explicaciones del guía. En mi caso, al conocer prácticamente todo lo que tenía que decirnos, decidí perderme en la inmensidad del paisaje: que si los pinos, que si la garriga, que si el meandro que se dibuja en el fondo del barranco, que si las cabras montesas que asoman diminutas por entre los cascotes... y allí en la distancia, como a cien metros de nosotros, mi compañero con cara de susto porque unos cuantos chavales se han asomado al precipicio y nos saludan desde los más de cincuenta metros que caen en el vacío.

Ni que decir tiene: me cagué patas abajo, pero también alabé la habilidad de Juan para llevarlos de vuelta al redil sin más complicaciones. En ese momento pensé que todo había acabado.

De vuelta a la zona de espera, tras saludar a mi compi y comentar la jugada, se me ocurre contar a los alumnos para ver si faltaba alguien. Uno de los chavales no aparece. Creo oír su voz entre los matorrales: Está cantando la canción de Bob Esponja a grito pelado. Lo que veo cuando llego a su lado me hiela la sangre.

El muy inconsciente se encuentra saltando encima de una piedra al ritmo de los versos. No se ha dado cuenta, pero justo a su espalda amenaza la caída vertical. Algunos de los muchachos de Juan señalan horrorizado desde la distancia... y el bueno de vuestro profesor novato se queda blanco, paralizado. Menos mal que el shock dura un suspiro.

Inmediatamente agarro al chaval por la pierna y lo tiro al suelo arrastrándolo entre pataleos. Grita, se enfada y me insulta porque no entiende mi reacción (yo tampoco entiendo la suya) Le aviso del peligro que corría y dice que no es para tanto. Asegura que cuando llegue a casa le contará todo lo sucedido a sus padres. Advierte que vendrán a hablar conmigo para pedirme explicaciones por su ropa manchada y la magulladura en las rodillas. Yo tiemblo como un colegial y me entristezco por lo injusta que es la vida. En el caso de hablar con sus viejos, espero convencerles con mi versión.

Lo que viene a continuación es pura especulación a tenor de los resultados. Supongo que el chaval debió llegar a casa y les comentó a sus padres todo lo sucedido. Ellos nunca llegaron a ponerse en contacto conmigo. Un par de días mas tarde, cuando me vuelvo a su hijo topar en clase, fulanito sigue cabreado porque "encima" de la vergüenza que le hice pasar, lo han castigado "por mi culpa".

4 comentarios:

Narielita dijo...

Jajajajajaja tela con el niño, encima! La verdad es que mal lo tuviste que pasar un rato, ufff. me pasa a mi algo así y no sé cómo habría reaccionado, sinceramente. pero mira, al menos los padres han sido correctos y al parecer te han dado la razón. Mucho mejor ¿No? =P Y oye, al menos todo quedó en un simple susto y un recuerdo.

Verónica dijo...

Plas, plas, plas. Por suerte diste con unos padres como toca.

Neuriwoman dijo...

Hola, soy la número 50 y me ha recomendado tu blog uno de los sitios chachis que frecuentas. Por cierto la chica es igualita que la que lleva la birra por encima mia.

Estupendo blog, tendré que verlo más detenidamente.

Saludos.

isasobrenatural dijo...

Hola, Pedro, soy Isabel (ya sabes, la de Torrevieja). Mi sobrina acaba de enseñarme cómo funciona esto de los blogs. Me ha gustado la anécdota; entre el rescate acrobático y el "agradecimiento" del rescatado, parece sacada de un cómic de Spiderman. Ya volveré a escribir.