El caso es que le debo mucho a ese hombre, empezando por las carcajadas que me eché con la película tras superar el esceptitismo inicial (la proyectó en VOSE) Creo que es una de las experiencias más satisfactorias que tuve en mi etapa de alumno. Aquello era el Bachillerato de la EGB, definitivamente se trataba de otros tiempos.
El caso es que la semana pasada decidí repetir la experiencia de aquel profesor, utilizando como conejillos de indias a mis alumnos de Cuarto ESO, en Atención Educativa. Mucho ha llovido desde que se rodó la película (con escenarios saldados tras una serie de Franco Zefirelli), pero he de reconocer que conserva toda su frescura. Con La vida de Brian uno se reía hace 30 años y continúa riéndose ahora. A carcajada limpia.
Sin embargo, como la inmensa mayoría de los trabajos protagonizados por los Monthy Python, se trata también de una película que llama a la reflexión, tan rica en matices como imposible de abarcar en una sola proyección. Imagino que sucederá con mis alumno de manera análoga a lo que yo experimenté cuando tenía su edad: En el momento menos pensado se acordarán del Frente Judaico Popular (O del Frente Popular de Judea), se reirán con la Santa Calabaza de Jerusalem y con los fanatismos, los extremismos de cualquier índole, con la surrealista naturaleza del poder, con la aciaga suerte de los perdedores y, en definitiva, con ese happy ending tan a contracorriente que cierra la cinta.
Los gags de John Cleese, Eric Idle y compañía siguen conservando toda su fuerza. De hecho, creo que en medio de esta crisis de cambio de siglo que andamos padeciendo, resultan todavía más brutales que hace tres décadas. Para muestra un botón (el que ilustra este post)
1 comentarios:
Pues anda que cuando se la recomendaste para ponerla en clase a una profesora de religión...
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