jueves 5 de enero de 2012

Horton, el elefante que escuchaba voces

Con suspicacia miraba las adaptaciones cinematográficas a imagen real de los cuentos escritos y dibujados por el Dr. Seuss. Ni el Grinch de Ron Howard ni el Gato de Bo Welch habían levantado grandes pasiones en quien suscribe. No lograba yo encontrar ese sentido de la maravilla que se le supone a las obras de ese autor venerado por niños y niños de todo el mundo.

Pues bien, ha tenido que llegar el elefante Horton para demostrar que estaba equivocado: Hay mucho que descubrir en el universo del Dr. Seuss, y quizás sea esta la película que más se acerca al alocado ritmo (un tanto subversivo) que se le suponía a las anteriores cintas, fallidas incursiones en un escenario que queda mucho mejor descrito desde la animación. Todo lo que en imagen real suena a pastiche y maquillaje sobrecargado, se torna aquí en un canto a la imaginación, casi surrealista, donde los canguros son violetas, los pájaros parecen rastafaris y los buitres hablan con acento alemán meciendo la lengua entre los dientes.
Horton es una de esas películas que no se agotan en un único visionado. La premisa es tan estrafalaria como sencilla: Un buen día, el elefante protagonista descubre una mota de polvo que termina posada en una flor, desde la cual escucha voces que provienen de una ciudad microscópica habitada por los "Quien", seres felices y despreocupados. Totalmente ajenos a la fragilidad de su universo.

A partir de este momento Horton decide poner a salvo la mota de polvo. Es un elefante con principios, y  tal como asegura "las personas son personas, no importa su tamaño". El problema estriba en que debido a sus grandes orejas sólo él puede oir las voces que surgen de la mota. Nadie en la selva está dispuesto a dar crédito a sus sugerencias. Y mucho menos la señora canguro, garante del orden establecido. Lo que Horton pregona es tan descabellado que debe ser cercenado.

Por otro lado nos encontramos con el alcalde de Villaquien (la ciudad microscópica), un individuo amable, padre de familia, que entra en contacto con Horton escuchando una voz que surge de los cielos, advirtiéndole del inminente desastre.  Por desgracia, el alcalde es el único capaz de hablar con el elefante. Sus conciudadanos no están dispuestos a creer lo "evidente": Viven ensimismados en su felicidad, en la tranquilidad de la rutina diaria. Están dispuestos a asumir cualquier cambio (por inexplicable que sea) dentro de sus despreocupadas vidas.

Ni que decir tiene: las aventuras del Horton y su diminuto amigo son muy divertidas y están narradas con vigorosidad, con buen pulso. Los diálogos de la película resultan mucho más adultos de lo que puede parecer en un principio. Son tan convincentes como la caracterización de los personajes... inusitadamente realista para un argumento tan alucinante.

Horton es, en definitiva, una película estupenda para programar en el aula, para ver con los chavales. Una estupenda parábola que habla de muchísimas cosas. A mi me ha sorprendido. Os la recomiendo.